Lo que aprendí de Niki

El otro día, uno de los deportistas a los que entreno en las sesiones indoor de ciclismo, me comentó que estaba pasando por un muy buen momento.

Que se notaba fuerte, que cada vez iba mejor.

Y la verdad es que no me sorprendió.

Llevábamos ya varias semanas viendo en los datos que su rendimiento estaba subiendo: más potencia, menor pulso, series más estables… todo bastante claro.

Y esto no es ningún milagro, es lo que siempre os digo.
Se mejora por acumulación de entrenamientos, no por una sesión puntual.
Y también se mejora por algo que casi nadie tiene en cuenta:

Por la ausencia de lesión.

Aquí me quiero detener un segundo.

Porque hay una frase que llevo escuchando año tras año, y seguro que también te suena:

“cuando mejor estaba… me lesioné”
“qué mala suerte tengo”

¿Mala suerte? ¿De verdad?

Vamos a imaginar una línea. Una línea rosa muy fina.

Cuanto más te acercas a ella, mejor rindes. Te encuentras más fino, más rápido, más fuerte. Todo parece ir sobre ruedas.

Pero como la sobrepases… estás comprando muchas papeletas para lesionarte.

Y es normal.

Estás acumulando tanta tensión muscular, tanto estrés, que por algún lado tiene que salir. Y como el cuerpo no tiene fusibles, no hay aviso bonito. Simplemente te rompes y todo por los aires

Por eso, cuando Niki me dijo que estaba tan bien, le dije justo lo contrario de lo que la mayoría esperaría:

“ahora es cuando más cuidado tienes que tener”

Le expliqué lo de la delgada línea rosa y me escuchó bastante tranquilo. Luego me contó algo.

Hace dos años, en su primer año de universidad, se lesionó la rodilla tres meses antes de una competición muy importante, el triatlón intercolegial.

Lo pasó bastante mal por no poder correr.

Y ahí aprendió algo que no se le ha olvidado.

Desde entonces, cuando se encuentra especialmente bien, en lugar de entrenar más o apretar más, hace justo lo contrario: baja un poco la carga.

No por miedo, sino para no pasarse.

Para no acumular más tensión de la que su cuerpo puede gestionar.

Y desde entonces no se ha vuelto a lesionar. Y además, rinde mejor en competición.

Nos quedamos hablando un rato más y al final todo se resumía en lo mismo.

Que cuando uno se encuentra bien, le puede el ansia.

Es un momento muy bueno, te apetece aprovecharlo, te sientes fuerte… y quieres más.

Pero ahí es donde la mayoría se pasa.

Y pasarte de emoción en ese punto puede salir caro.

Así que ya sabes.

Cuando estés en un pico de forma, estate atento. No hace falta demostrar nada en los entrenamientos.

Guarda balas.

Las vas a necesitar.

— Haruki

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